Acrílico sobre papel 100x70 cm.
La experimentación en la pintura es un rastro reseco e inocuo sin ningún tipo de vía fértil y rica para el mundo del arte, si más no, para formar parte de la experiencia práctica de la vida de cada uno, como un complemento espiritual o si se prefiere como un apetito vital, pero no ya aceptado como una respuesta para el arte.
Si buscáis una interpretación literaria en la pintura abstracta, en la pintura abstracta expresionista y en todas sus vertientes y en todos sus allegados, no la hallaréis. Si buscáis una interpretación teórica aseguraos que el estudioso teórico no esté, con sus pasos, por delante y haciéndose suya la obra.
Si buscáis una interpretación aquí, no os la daré, porque no la tengo, todo fue una suerte del momento, una pulsión de los sentimientos.
¿A que atañe tanto interés por la pintura abstracta? A que no nos dice nada, a que nos hemos acostumbrado y no nos incomoda, a que se ha convertido ya en un producto decorativo, que se asemeja a una pieza de ropa porque dependerá de nuestro gusto para lucirla en aquella pared blanca que no sabemos como llenarla.
¿Necesitáis una prueba? Coged vuestros trapos sucios de pintura, cuanto más manchados mejor, elegir una zona concreta, la que más os apetezca, aquella que contenga un sin fin de pinceladas, clavar el tejido en un bastidor de madera, bien tensada... y comprobad que ha producido el azar.
La pintura que veis aquí carece de valor artístico, pero es un valor práctico en cuanto dialogo con la materia. De nuevo me ajusto a lo que yo pienso, esto es una trivialidad, una muestra de lo que el arte de hoy cotiza, un utensilio decorativo, una gastronomía de la pintura, nada más, es el plato que se prepara para ser comido; un trabajo, un ejercicio plástico que se puede encontrar en cualquier aula artística.
Retrospectiva.
Trabajos realizados durante el 2007-2008.




